
No hace falta más que entrar en el buscador GOOGLE e introducir la palabra inmigrante para que se llene la ventana con imágenes de personas con su maletita vieja o amontonados en barcas y con cara de miseria y desdicha.
Soy consciente de que al estar mayormente acompañada por el adjetivo ILEGAL, se haya acotado el término INMIGRANTE para personas que están fuera de su país bajo esta condición, por eso (y por razones a veces algo absurdas) la palabra INMIGRANTE llega a resultar dura de escuchar para algunas personas (al igual que NEGRO), que pueden no haber superado aún la idea de que la misma tiene una connotación denigrante, quizá por el inapropiado uso que en ciertos momentos de la historia (y de la no tan historia) se hace de dicho término.
Inmigrante no es más – según una definición simple y sin rebuscar – que una persona que llega a un país extranjero para establecerse en él. Dicho esto, quisiera que la palabra inmigrante se viera según su definición, que me parece hace alusión a una persona fuerte, que se mueve algo mas allá de una frontera, que sueña, que busca lo que quiere sin limitarse a un espacio geográfico conocido (zona de confort) y muchas veces lanzándose de cabeza a una tierra que tan siquiera le entiende hablar, incluso si tiene su mismo idioma. Visto así, y sin ser estas las únicas virtudes que veo en los que somos inmigrantes, me encanta ser considerada una de ellos.